El otro día allí estaba: apuntando con un destello el camino. Era como si acabara de nacer. Mis pupilas se retorcieron y conocieron por primera vez la luz. Allí es donde me recordó que se puede juntar la noche y el día en una sola imagen. Y entonces, me sentí más despierta que nunca y supe lo que muchas veces se me olvida: que a veces es fácil caer, pero siempre ha sido mi asidero, esa mano que mece mi cuerpo.
Me despierto, y veo unos cuerpos trotando por las calles. Corren camino a través con sus extremidades golpeando el suelo con fuerza bruta. A veces también los veo riéndose a carcajadas en el sofá de mi casa. Esos cuerpos, riendo así, ya los he visto antes. Y cuando digo antes me refiero a cuando ni siquiera yo era yo. El otro día pasaron de la risa estruendosa al sonido de la noche. Y lo hacen porque también exploran rincones oscuros. Y cuando allí se encuentran, encienden sus linternas. Se convierten en una masa dura a prueba de cualquiera de los golpes que han podido recibir en su largo o corto camino. Se mezclan y crean un mapa. Una te lleva a otra y ves las mismas piedras, y los mismo rios, y las mismas cañas.
Y te cuentan lo que nadie te cuenta, y te escuchan lo que muchos no quieren escuchar.
Texto de Aurora Rodriguez para Un poder cegador.
Proyecto realizado inicialmente para la exposición individual realizada en centro Párraga en 2024.